Madres de Luces y Sombras

Madres de Luces y sombras

Primer domingo de mayo, día de la madre. Este año lo celebro con un sabor agridulce, es el primero que paso sin la mía, y su ausencia aún duele demasiado. Cuánto significa una madre en la vida de una persona, mucho, bastante. Cuánto se echa de menos a una madre cuando nos falta. Cuantas veces nos quejamos de nuestras madres cuando somos jóvenes, por “pesadas”, “protectoras”, “controladoras”…, y es que la relación y el vínculo que hayamos creado con nuestra madre deja huella y nos acompaña durante toda la vida. Nuestro desarrollo personal depende en gran medida de esa relación, de sentir su aprobación, su respeto, su amor incondicional, su apoyo. Lo natural es que la unión entre madre e hij@ esté basada en la confianza y el amor, aunque eso depende de muchos más aspectos. La realidad, es que a veces eso no se manifiesta tal que así, y hay relaciones muy conflictivas y dañinas entre madres e hij@s, llenas de sombras y pocas luces.

La intención de una madre es siempre la de dar lo mejor a su hij@ según su punto de vista, la de cuidar y proteger, aunque a veces se equivoquen sin saberlo en las formas y/o fondo. L@s hij@s no están para cumplir nuestras expectativas, ni nuestros sueños, ni obedecer sin más nuestras directrices. Nuestra labor esencialmente es ayudar a que se conviertan en personas, que aprendan a caerse y levantarse, que expresen y validen lo que sienten, que toleren la frustración, que respeten a los demás, que se quieran bonito, que luchen por sus propios sueños, que disfruten y en definitiva, sean felices… desde el amor, la coherencia, la calma, el respeto y la libertad.

Madres perfectas no existen, porque educar, cuidar, criar, proteger, respetar y amar a tu  hij@, requiere mucha responsabilidad, y un ejercicio de consciencia brutal las 24 horas de cada día. Y eso también agota, somos humanas y necesitamos poder desahogarnos, tener tiempo para nosotras, liberar nuestros miedos, realizar nuestras metas.. aportar luz a las sombras de la maternidad.

De niña pasaba muchas horas jugando a las mamás, me imaginaba de mayor teniendo varios bebés. Fui creciendo, estudié, y poco a poco construí mi carrera profesional. A nivel personal iba experimentando y aprendiendo de cada palo recibido, con la idea de ser mamá siempre en mente. Lo tenia claro, sería madre tanto si encontraba la pareja adecuada como si estaba soltera, era consciente de mi instinto maternal. Afortunadamente encontré a mi compañero de vida, para juntos ser padres y crear una bonita familia.

Con toda la ilusión, buscas un bebé que no llega. Aquí empieza la desesperanza, la lucha por cumplir el sueño de ser madre, con la sombra del miedo pegada a la espalda de no llegar a conseguirlo. Comienzas a recorrer el duro camino de la infertilidad. Plantar cara a las dificultades y problemas de esta enfermedad, conlleva mucho desgaste físico, psicológico, social y personal. Después de muchas batallas perdidas y sufridas, la lucha, el esfuerzo, el sacrificio, valió la pena, y soy madre de un niño precioso de dos años, mi principito, Martín, todo un guerrero. Y esta pequeña historia con final feliz, seguro que se asemeja a la de otras madres. Algunas puede que hayan pasado también por los obstáculos de la infertilidad, mientras que para otras habrá sido un camino mucho más fácil. La cuestión es que somos madres y tenemos a nuestr@s hij@s con nosotras.

Sin embargo, ¿cuando nos convertimos realmente en madres? ¿Al quedarte embarazada? ¿Al parir? ¿Al criar?…

Creo que te conviertes en madre cuando deseas serlo, cuando decides y encaminas tus pasos para conseguirlo. Desde ese preciso momento, eres madre. Cuando das a luz a tu bebé, ejerces la maternidad a tiempo completo cada día de tu vida. En mi caso, soy madre desde hace muchos años, y ejerzo de madre desde que mi niño salió de mi cuerpo.

Hay muchas madres que aún no tienen a su hij@ soñad@ en brazos, madres de largas esperas, madres que nunca lo tendrán porque perdieron muchas batallas y finalmente la guerra, madres que perdieron a su bebé llevándolo en su vientre, madres que han perdido a sus hij@s después… hay tantas madres en la sombra, invisibles para la mayoría. Madres que luchan y se ocultan en silencio, madres que se preguntan a diario ¿por qué yo no?, madres que sienten mucho miedo a que su sueño no se haga realidad, madres que no quieren hacerse ilusiones porque han visto demasiados negativos, madres que sufren el terrible “no hay latido “.

Madres rotas por perder tantas veces. Por eso, no van a las fiestas de cumpleaños de los niñ@s de sus amig@s porque duele ver el sueño cumplido en otr@s, duele lo fácil que es para algun@s y lo duro y difícil que es para ellas. Madres que huyen de escaparates de ropa de bebé, madres que ya no saben cómo disimular y poner buena cara al “¿y tu cuando te vas a animar a tener niñ@s?”. Madres que lloran, madres que se sienten vacías. Madres que se culpan, madres que se lastiman, madres que entran en el abismo. Madres que se olvidan de vivir buscando la manera de ahorrar para tratamientos. Madres incomprendidas. Madres que se sienten solas. Madres que terminan en solitario la lucha que empezaron acompañadas.

Madres que buscan constantemente información, métodos, técnicas, médicos, clínicas, alternativas… lo que sea que pueda ayudar a quedarse embarazadas. Madres que por más que insisten nadie les da una respuesta a su infertilidad de origen desconocida. Madres que se someten a tratamientos muy duros y cirugías complicadas. Madres que investigan y leen las historias de otras mujeres que consiguieron ser madres, y así se llenan de esperanzas. Madres agotadas de esperar el milagro de la vida. Madres que a pesar de todo siguen soñando.

Todas ellas, también son madres, madres en la sombra, a las que no se les felicita, y para las que este día es doloroso.

Yo soy una madre de luces y sombras. De luces porque a pesar de la oscuridad y lo difícil del camino recorrido, siempre tuve esperanza y creía que lo conseguiría. Desde que supe que estaba embarazada, empecé a llenar de luz las sombras que me habitaban por dentro. Con cada día superado, con cada ecografía en la que escuchaba el latido y veía moverse a mi bebé, con cada patada que sentía en mi vientre, fui mitigando la sombra de los miedos, del dolor, de la tristeza, de la rabia, de la frustración, de la impotencia… de todo el sufrimiento vivido.

Ahora es mi hijo quien me arroja mucha luz y desvanece muchas de mis sombras. Con cada una de sus sonrisas, de sus descubrimientos, de sus travesuras. Verle crecer, aprender y conocer el mundo, formar su personalidad, compartir y jugar con el, son momentos maravillosos. Cuanto amor sale a borbotones de mi ser para disfrutar con el, cuidarle y protegerle. Como llenan sus abrazos, sus besos y oír sus “mamá “.

Hoy quiero abrazar a todas vosotras, madres en la luz y madres en la sombra. Somos madres y mujeres extraordinarias.

Felicidades a ti mamá, donde quiera que estés. Gracias mamá, por haber sido una buena madre, por darme libertad, por quererme tan bonito, por haberme enseñado tanto. Orgullosa de ti. Como me gustaría poder abrazarte de nuevo mamá, aunque sé que estás conmigo.

Gracias madre por darme la vida! Gracias vida por permitirme ser madre!

Felicidades a todas las madres de luces y sombras!

Nacer es llegar, morir es volver…

Todas las mujeres que somos

Hace 7 años un día como hoy, 8 de marzo día internacional de la mujer, desplegué mis alas en el mundo del emprendimiento con mi proyecto Despierta Afrodita.  Un proyecto por y para la mujer de hoy, en el que me volqué con mucha ilusión. Me siento enormemente agradecida por cada una de las experiencias trabajadas en estos años (sesiones personales y grupales, talleres formativos y conferencias). Ha sido muy gratificante ayudar a tantas mujeres a mejorar su bienestar personal, despertar su potencial, enseñar a quererse bonito y expresar libremente lo que sienten. Grandes aprendizajes vividos, y recuerdos inolvidables.

Y ahora toca que Despierta Afrodita siga evolucionando, y a veces eso implica cambiar. Porque en la vida lo único constante es el cambio, porque siempre hay comienzos y porque básicamente seguimos fluyendo. Despierta Afrodita se transforma en Despierta Conmigo para continuar cambiando vidas y ayudando a personas a encajar las piezas de su mundo para que sean más felices.

Y aunque seguiremos trabajando por el desarrollo integral de la mujer con los talleres de autoestima, sexualidad y sensualidad, canalización de emociones, etc., abrimos horizontes a nuevos retos profesionales que desde hace un tiempo ya venimos desarrollando.

Explicado esto, felicidades a todas las mujeres que somos y seremos. El 8 de marzo sigue y seguirá siendo el día para conmemorar la lucha de la mujer por la igualdad ,  porque la igualdad real está aún en construcción a nivel global.

Como mujeres vamos evolucionando y adoptando nuevos roles a lo largo de nuestra vida. Cuando somos niñas, a veces nos convertimos en hermanas, y luego en adolescentes, jóvenes, adultas.  De hijas pasamos a ser madres, y luego abuelas. Nos transformamos en tías, compañeras, amigas…, en mujeres profesionales, emprendedoras, administradoras, luchadoras, cuidadoras, independientes, autosuficientes, autónomas, … en mujeres fuertes, valientes, creativas, brillantes… Todas en algún momento hemos sido, somos y seremos esas mujeres. Mujeres diversas.

Yo como mujer he cambiado. Me he convertido en madre, y mi peque es sin duda el motor que me da fuerza cada día.  Sin embargo, el proceso para ser madre no ha sido fácil. He recorrido todo un camino lleno de obstáculos y problemas de fertilidad para conseguirlo. La infertilidad, esa gran desconocida para la sociedad, de la que no se habla abiertamente, la que se suele esconder, la que da vergüenza padecer…, en definitiva, una ENFERMEDAD que sufrimos muchas mujeres y parejas en la realidad.

Y en un día como hoy, en el que reivindicamos precisamente los derechos de la mujer y ponemos de manifiesto cómo todavía somos discriminadas por distintas razones, ya que sigue existiendo brecha salarial, falta de equidad en tareas domésticas, no se ha roto el techo de cristal, tenemos dificultades para conciliar vida familiar y trabajo sin renunciar a nuestra carrera profesional, y no podemos disfrutar de forma plena la maternidad, entre otras muchas, pues la discriminación también se ejerce a las mujeres infértiles.

Somos discriminadas, humilladas y juzgadas,  en primer lugar por nosotras mismas, porque nos culpamos, nos rechazamos, nos castigamos, nos reprochamos, nos frustramos, nos exigimos, nos lastimamos, nos avergüenza no ser capaces de quedar embarazadas, y continuamente nos estamos comparando con aquellas mujeres que  si lo consiguen. Somos nuestras peores enemigas.

En segundo lugar, somos discriminadas, humilladas y juzgadas, por otras mujeres, por la familia, por el sistema sanitario y por la sociedad en general.

Cuando otra mujer, o incluso personas de tu familia,  amigas, empiezan a cuestionar por qué no eres madre todavía, o confiesas que tienes problemas de fertilidad y que estás en tratamiento, empieza la presión y algunos de los mensajes que recibimos son del tipo: “¿Y los niñ@s para cuando? Que se te pasa el arroz”, “Tienes que relajarte, que estás obsesionada”,  “Solo tienes que abrirte de piernas y quedarte tumbada un rato, y seguro te preñas”, “Puedes adoptar o comprarte una mascota”, “Que no es el fin del mundo”, “Todavía eres joven, tranquila” “Tienes que conformarte, si Dios no te los manda será por algo”, “¿Vas a fabricar a tu hij@ en un laboratorio? Me parece antinatural”, “A tu edad ya es difícil que te quedes embarazada, deberías haber empezado antes, ya es muy tarde”, “Tú estas loca con quedarte embarazada”,  “Pues por lo menos tienes sobrin@s, para qué tanto empeño en ser madre, que los hij@s son problemas para toda la vida”, “Que solo es un aborto, es algo normal y mejor que haya sido ahora”, ”Si quieres te presto a mis hij@s y te los llevas un par de días, verás como se te quitan las ganas”, “No te compliques la vida mujer, que  los hij@s te la cambian por completo”, “Toma más vitaminas, dale a tu marido maca, seguro que así lo logras”,  “Tenéis que hacerlo más a menudo o con esta postura X seguro que te quedas”… y podría seguir con una lista interminable de frases inapropiadas, sexistas, y discriminantes.

El sistema sanitario también nos discrimina, y según cada comunidad autónoma en España,  con una edad fijada y establecida para poder acceder a los tratamientos de reproducción asistida. Una vez pasado ese límite de edad impuesto, te dejan fuera, y si quieres intentarlo tienes que hacerlo en clínicas privadas, y asumir el gran coste económico del tratamiento. Con pesar sé, de profesionales sanitarios que han realizado comentarios muy discriminatorios del tipo: “Os empeñáis en ser madres y ya sois viejas”, “Tienes que adelgazar porque estás gorda”, “Habría que hacer una obra de ingeniería en tu útero para que te embaraces”, “Tus óvulos no sirven”… entre otros.

La realidad es esta, la infertilidad sigue siendo un tabú, sobre la que existen muchos prejuicios.

Se sigue pensando que cuando una mujer no queda embarazada es porque su cuerpo no vale, que la infertilidad es exclusivamente femenina, cuando la realidad es que alrededor del 50% se debe a infertilidad masculina.  Voy a centrarme en cómo vivimos la infertilidad las mujeres, porque el cómo la vive un hombre, o la pareja, sería tema para otro artículo.

Todos los comentarios anteriores, demuestran la falta de conocimiento que hay sobre esta enfermedad física que repercute a nivel psicológico y emocional. La falta de comprensión, la falta de empatía, con las que somos menospreciadas, con actitudes discriminatorias que nos sentencian como si fuéramos menos válidas como mujeres. Solo la mujer y/o parejas que han pasado por la infertilidad saben lo que duele no poder tener un hijo de forma natural.

No sé qué hubiera sido de mí si no hubiera encontrado la Asociación Nacional Red de Infertiles.  En mis carnes también sufrí muchos de esos comentarios discriminatorios, y me sentí muy juzgada. Se daba por sentado que al ser psicóloga, yo podía con todo y no necesitaba ayuda, porque ya sabía que…  “me tenía que relajar, y que tenía herramientas y recursos de sobra para hacer frente a esta dificultad ”.  Cómo veis no me importa mostrar  mi vulnerabilidad. Yo pase por una crisis vital, y necesite ayuda psicológica para afrontar el largo proceso de reproducción asistida. Una psicóloga que necesitó de otra psicóloga, lo digo con orgullo, porque saber pedir ayuda nos hace fuertes.

Gracias a la Asociación Nacional Red de Infertiles  encontré el apoyo que tanto necesitaba, ese respaldo  que me hizo sentir que no estaba sola. En los cafés de los sueños, además conocí a una red de mujeres maravillosas, mis compañeras de batallas, mis guerreras, con las que compartí los peores momentos de mi vida.

Porque la infertilidad nos provoca miedo, inseguridad, ansiedad, impotencia, vergüenza, frustración, tristeza, rabia, vacío, soledad, problemas de pareja, cansancio, agotamiento, sufrimiento y mucho dolor. Admiro y respeto profundamente a todas las compañeras que,  después de mucha lucha consiguieron ser madres, a las que a pesar de toda su lucha no lo consiguieron, y a las que están luchando con todas sus fuerzas por conseguirlo.

Decidir parar y dejar la lucha es difícil, muy duro, y también se nos juzga por ello. ¿Acaso una mujer es menos mujer por no ser madre? A menudo, las mujeres que deciden no ser madres, ya sea por libre elección, o porque han sufrido demasiado en la lucha por serlo sin éxito, son juzgadas y discriminadas: “claro como tú no eres madre no sabes lo que es”, “que triste debe ser tu vida sin hij@s“,  “ser madre te hace mejor mujer”, “que egoísta eres por no ser madre”… Estos comentarios se siguen haciendo.

No se respeta la libertad de la mujer para decidir cómo vivir su vida. Se nos olvida que detrás de cada mujer, ya sea infértil o no, hay una persona humana, con una historia detrás, con sentimientos, con ilusiones, con proyectos, a la que podemos perjudicar y dañar, sino empatizamos con su situación personal sin juzgarla.

Como dice Helena la presidenta de la Asociación Nacional de Red de Infértiles, “La sociedad debe saber lo que significa querer y no poder tener hijos”.  Porque la infertilidad nos pasa factura, tanto la económica, porque los tratamientos de reproducción asistida son muy caros, como la emocional porque pasas por un torbellino de sentimientos y emociones nada agradables que producen mucho sufrimiento y te dejan KAO. Nos llegamos a sentir tan inútiles, tan invisibles.

Desde Asociación Nacional de Red de Infértiles, se trabaja para dar VOZ a la infertilidad. Porque es una enfermedad, y no debemos ser discriminadas por ella.

Crecemos desde pequeñas con muchos estereotipos, las niñas de rosa, a las que se les sigue regalando bebés y carritos, para que jueguen a ser mamás. Mujer y madre, uno de los roles que tenemos, pero no el único. En el colegio se debe enseñar la Reproducción Humana dando a las niñas y adolescentes, toda la información sobre nuestra salud y sistema reproductivo, porque somos dueñas de nuestro cuerpo, y debemos tener conocimiento de cómo funciona, y de los posibles problemas que podemos desarrollar.

No basta sólo con que la Educación Sexual y Reproductiva se destine a que una mujer conozca los métodos anticonceptivos para para no quedar embarazada sin desearlo. Esa educación debe contemplar, cómo funciona nuestro ciclo menstrual (porque la regla no duele, no debe doler), la respuesta sexual humana, nuestra anatomía sexual, las enfermedades de transmisión sexual, información sobre la etapa fértil, ya que tenemos una reserva ovárica determinada, la importancia de acudir a revisiones ginecológicas, información sobre la Endometriosis, el Síndrome del ovario poliquístico, problemas inmunológicos, enfermedades endocrinas, diabetes, etc., y todas las consecuencias y repercusiones que tienen en nuestra fertilidad. Esto es un derecho.

Toda esa información nos haría decidir mejor cómo queremos vivir nuestra vida, valorando y planificando nuestra maternidad para cuando sea el momento idóneo, en caso de que queramos serlo, teniendo la opción de preservar nuestra fertilidad vitrificando nuestros óvulos.

Así que a todas las mujeres que somos, madres o no, infértiles o no, somos mujeres capaces por encima de todo. Más sororidad, más compresión, más empatía, más apoyar, más ayudar, más escuchar, más abrazar, y menos JUZGAR, opinar o criticar.

Porque juntas somos más fuertes, para seguir luchando por la IGUALDAD y ser mujeres ante todo LIBRES.

Dedicado a todas las mujeres que somos, y en especial a  mis guerreras.

Reflexiones de una madre primeriza en tiempos de un confinamiento histórico

Reflexiones de una madre primeriza en tiempos de un confinamiento histórico

La aventura de ser mamá, no ha sido fácil en mi caso. En el largo camino recorrido han habido muchas lágrimas derramadas en batallas perdidas. Por suerte, mi perseverancia me hizo no tirar la toalla para seguir peleando y lograr que el milagro de la vida anidara dentro de mi y poder ser madre. Toda esa lucha merece ser contada con más detalle en otro momento, porque quiero dar fuerza y esperanza a todas mis guerreras que siguen combatiendo en las trincheras para conseguir su sueño. 

Mi deseo se vió cumplido en marzo, pero si alguien me hubiera dicho que iba a dar a luz en plena pandemia mundial de un virus letal que nos tiene a todos confinados en casa, hubiera pensado que era el guión de una película totalmente surrealista. Como siempre la realidad supera la ficción, y la pandemia por el Covid-19 es una pesadilla real. Ser madre primeriza en medio de este panorama lleno de incertidumbre y miedo, no era el escenario ideal que yo soñaba durante mi embarazo para el nacimiento de mi hijo. Y se hace duro vivir esta experiencia tan maravillosa en estas circunstancias tan adversas. 

Tampoco esperaba vivir mi primer día de la madre siendo ya mamá en estas condiciones. Siempre lo he celebrado al lado de la mía. Este año va a ser muy diferente tan lejos de ella. Mi pequeño vino al mundo y yo no pude sentir el tan necesario abrazo de mi madre. A diario me despido de ella a través de una pantalla con la tristeza reflejada en su mirada, mezclada con la ilusión por coger en brazos a su nieto. “Ya falta menos mamá, en cuanto nos permitan viajar, vamos a verte”, es la frase que le repito una y otra vez. Pero ese día tardará en llegar todavía, y es muy doloroso observar su pena y su delicado estado de salud día tras día, así que mi mayor deseo es que le dé tiempo a conocer a su esperado nieto. Si algo bueno se puede sacar de cualquier situación, en este caso es que su olvidadiza mente no recordará este tiempo confinada, ni el tiempo sin acunar a su nuevo nieto.. cuando esto pase.

Mi bebé nació 4 días antes de que se declarara el estado de alarma en España. Al principio me decían, que maravilla de cuarentena vas a pasar, sin visitas, te va a venir genial para adaptarte a tu nueva faceta. Las primeras semanas apenas noté el confinamiento, pero cuando llevas casi dos meses encerrada en casa con un recién nacido, sin poder salir ni compartir con los tuyos ni tan siquiera esa primera vez, la cuarentena se hace larga y oprime. Lo peor es no poder estar con tus seres queridos, y que no puedan conocer a la personita por la que tanto has luchado, y que tanta alegría nos ha traído.

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Cómo madre novata te surgen un montón de dudas en el cuidado de tu bebé, las hormonas te hacen estar muy sensible, la lactancia materna a veces se complica, la dedicación exclusiva y el cansancio por no dormir lo suficiente, te pasa factura. Sin embargo, el confinamiento me ha permitido adaptarme y centrarme en el vínculo con mi pequeño, disfrutando al máximo de la maternidad y paternidad con mi pareja. Exprimimos cada segundo con nuestro hijo, y entre cambiar pañales, poner lavadoras, darle el pecho, dormirle, bañarle, hacerle fotos, y deleitarnos con su mirada dulce y sus ruiditos intentado que diga “ajo”, el tiempo se nos pasa volando. Es curioso, porque al ser mi primera vez, pese a ser en cuarentena no sé si esta situación es especialmente intensa para nosotros, o es siempre así.

Soy consciente que cada momento con mi niño es único e irrepetible. Es casi mágico ver día a día cómo va creciendo y cambiando, y no queremos perdernos nada de nuestro chiquitín que nos mata de amor y nos llena de alegría. Es cierto, se me cae la baba y me tiene loca enamorada, ¿qué madre no lo está de su bebé? Y a falta de los abrazos de los abuel@s, tit@s, prim@s, amig@s…, benditas vídeollamadas que me hacen estar cerca de los que más quiero.

El Coronavirus se ha convertido en un ladrón que nos ha robado: poder compartir los primeros momentos de vida de nuestro hijo con familiares y amigos, también el poder disfrutar libremente la primavera, el dar paseos con el carrito por la mañana, ir de compras a mirar su ropita, o el que pueda venir a casa tu hermana, para ayudarte con las tareas del hogar y de paso te traiga un tupper con la comida casera que te ha hecho tu madre porque a ti no te da tiempo de cocinar. El confinamiento nos ha puesto de manifiesto como se echan de menos los abrazos, los besos, las tardes de charla y café en la cafetería de siempre, los encuentros fortuitos en la calle, los viajes, etc. 

Y aunque mi cuarentena está repleta de felicidad, no puedo obviar la situación caótica y sin precedentes que estamos viviendo, en la que el miedo y el pánico se han apoderado de la mayoría de las personas. Y como humana que soy,  yo también tengo miedo, no sólo por mi, sino por mi hijo, al que intento proteger de cualquier daño.  

Es increíble el impacto que ha provocado la crisis de del Coronavirus a nivel mundial. Realmente no sabemos cómo va a ser la vida a partir de ahora. De la noche a la mañana hemos cambiado de forma radical nuestro estilo de vida. Las ciudades tienen un aire fantasmal, calles desiertas, parques vacíos, comercios cerrados, colegios sin niños…, el mundo se ha paralizado. Ahora tenemos que acostumbrarnos a incorporar las mascarillas, el lavado de manos frecuente, evitar las grandes aglomeraciones, la distancia social, a nuestra rutina diaria, y más nos vale ser responsables y cumplir con esas medidas para estar a salvo y no contagiarnos. Se hace raro, pero este maldito virus está arrasando por todo el planeta. Nadie se imaginaba la magnitud de lo que iba a suponer esta pandemia, y a día de hoy, sinceramente, seguimos sin saberlo. 

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La vida es así de impredecible, todo cambia en un instante. El Virus nos ha despojado de un plumazo del bienestar en el que nos habíamos acomodado. Aunque también nos ha regalado la oportunidad de apreciar lo que antes no habíamos hecho igual forma. Nos está regalando algo de lo que siempre nos quejamos que no tenemos,TIEMPO. Si, tiempo para; dedicarlo a un@ mism@ y a las personas con las que convives y quieres. El cómo inviertes y aprovechas ese tiempo es elección de cada un@. 

La desescalada de este confinamiento la vamos a llenar de muchas primeras veces de esas cosas que antes hacíamos tan cotidianamente y que a partir de ahora las vamos valorar mucho más. Hace dos días que daba el primer paseo con mi principito, y fue muy emocionante. El cielo parecía más azul, los árboles tenían un verde especial, sentir el sol y respirar aire fresco era una gozada, pero también iba un poco asustada de que alguien se acercara demasiado. Tenemos que asimilar muchos cambios. 

Quienes hemos sido madres en estos tiempos de confinamiento por pandemia, hemos experimentado mucha preocupación y miedo. Sentimientos totalmente coherentes ahora mismo. Si nos hemos visto sobrepasadas es natural. Si ya la experiencia de ser madre te pone a prueba, con la situación que tenemos encima y con lo que nos estresa el no saber qué va pasar, más vulnerables nos sentimos.  

Somos las mamis del quédate en casa para estar a salvo, las del arcoíris pintado en la ventana con el lema “todo saldrá bien” para animarnos, las que bailamos la canción del Coronavirus para distraernos, las que cantamos el “resistiré” a nuestros bebés para reconfortarnos, y las que salimos cada día a las 8 de la tarde a los balcones para aplaudir y agradecer el esfuerzo excepcional de todos esos grandes profesionales que están al pie del cañón dándolo todo por y para nosotros (sanitarios, servicios de limpieza y mantenimiento, agricultores, dependientes de supermercado, transportistas, repartidores, policía, guardia civil, militares, bomberos, etc.). Ojalá todos podamos actuar dando el mismo ejemplo y con la misma responsabilidad. 

Nunca nos habíamos enfrentado a una situación como esta, y asimilarlo va a ser muy difícil. La pandemia por el Covid-19 formará parte de la Historia. Todos recordamos que hacíamos en el 11S o en el 11M, porque nos marcó. Este confinamiento también nos va a dejar huella. Las que hemos sido madres siempre recordaremos lo que ha supuesto para nosotras, cómo nos ha transformado siendo más resilientes. 

El mundo entero atraviesa un momento complicado. Ojalá que nos haga mejores personas, más responsables, que nos haga crecer con equilibrio y amor. La vida nos está diciendo,  PARA, PRESTA  ATENCIÓN, RESPIRA,  ACEPTA Y APRENDE Concéntrate en lo positivo y agradece cuanto tienes. 

Así que mamis, confinadas o no, sigamos disfrutando de esta experiencia tan bonita como es la maternidad. Esto no durará para siempre. Todo pasa. Todo cambia. Todo saldrá bien. 

Gracias madre por darme la vida! Gracias vida por permitirme ser madre! Mi hijo es el regalo de amor infinito. 

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Felicidades a las Mamás

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El cajón del apego

EL CAJÓN DEL APEGO

Quiero rescatar este post que originalmente escribí para La nueva ruta del empleo con el título “Cajones Olvidados” y que hoy modifico para profundizar en el apego que tenemos a cosas, personas, relaciones, patrones de pensamientos, e incluso al dolor y al miedo . Watler Riso dice “el apego es el mayor motivo de sufrimiento de la humanidad” y cuánta verdad encierra esa frase.

Todos queremos ser felices, pero no sabemos cómo serlo. Nos desconcierta no encontrar esa felicidad, de la que todos hablan que tienen, y que nos venden basada en tener cosas, no sólo de índole material, como una casa, un coche, o unas zapatillas de la marca X, sino también en tener pareja, hij@s, amig@s, un trabajo de prestigio, o ese “éxito” en la vida..., una felicidad que refuerza el apego y la dependencia emocional. Y vamos creciendo con la idea de poseer la felicidad, y no con la de vivir la felicidad desde el ser y estar. La verdadera felicidad reside en necesitar menos, en sentirte satisfech@ contigo mism@ y con las relaciones que mantienes con los demás, disfrutando de cada instante que vives, porque la felicidad no va de tener, sino de sentir y aceptar.

Ni siquiera nos damos cuenta de todos los apegos que acumulamos en nuestro propio cajón del apego, de los que dependemos para poder ser felices. Somos más adictos de lo que pensamos.

Por ejemplo, nada hay como una mudanza para percatarse de la cantidad de cosas que guardamos en cajones olvidados. Cosas que ni recuerdas que tenías, infinidad de objetos inservibles apilados y llenos de polvo, prendas de ropa amontonadas ocupando espacio…, guardadas por el apego que sentimos hacía ellas, por miedo a desprendernos de los recuerdos asociados a esas cosas, por miedo a que en algún otro momento nos haga falta (¿y si lo necesito más adelante y no lo tengo?, mejor lo guardo”). ¿Cuántas veces al año vacías armarios y cajones?

Pues también vamos llenando nuestro cajón del apego a personas, relaciones, expectativas, o pensamientos, precisamente porque pensamos que l@s necesitamos, por miedo a desprendernos de esa falsa seguridad que nos crean, por miedo a cambiar, a sentir, a salir de esa zona de confort en la que estamos acostumbrados a quejarnos y a evitar todo aquello que suponga un cambio sustancial en nuestra forma de vivir.

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Nos aferramos a objetos, personas, y también al sufrimiento. Creamos vínculos obsesivos y nudos de dependencia. Desvincularse y desatar esos nudos que nos aprisionan en una vida que no queremos pero que no sabemos qué hacer para cambiarla, es complicado. La razón es simple, el miedo a sufrir y a sentir, nos puede. Para soltar apegos hay que atravesar el dolor, y darnos permiso para sentirlo y soltarlo, porque no tiene otra forma de desaparecer que “doliendo”. Bloqueamos el dolor, hasta tal punto que dejamos que se instale dentro, y llegamos a convertir el sufrimiento útil en inútil. Nos asusta sufrir y evitamos liberarnos del miedo a tener miedo. ¿Cuántas veces expulsas de tu vida esas personas o relaciones hostiles y tóxicas? ¿Eres capaz de eliminar esos pensamientos negativos que te atormentan?

La realidad es, que no vaciamos ni saneamos nuestro cajón del apego. Soltar dependencias emocionales, significa aceptar lo que está pasando, renunciar al control, asimilar cambios, confiar en ti mism@, abrazar tus miedos, y actuar con libertad para darte la oportunidad de crecer y avanzar en la dirección que quieres seguir y vivir.

Asumir la impermanencia de la vida (concepto clave en el budismo), e interiorizar que lo único seguro es el cambio, nos ayudaría a desligarnos. Aprender a tomar conciencia de que nada ni nadie es permanente, que el apego nos resta felicidad, y aceptar lo que hay aquí y ahora para vivirlo, disfrutarlo o sufrirlo. Todo cambia, y todo pasa. La naturaleza nos da lecciones a diario sobre el desapego, la impermanencia, y el ciclo natural de la vida, y apenas nos paramos a apreciarlo. Observa con atención cada amanecer y atardecer, el fluir del río, cada cambio de estación, como cada hoja que se cae del árbol en otoño, vuelve a brotar en primavera.

En esta vida estamos de paso, y se nos olvida. No vivimos por y para siempre, pero hay quienes se pasan por la vida sin vivir, sin desarrollar la conciencia necesaria para sentir que la vida te está pasando ahora, no después.

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Y ¿cómo soltamos apegos y dependencias? Pues aquí te dejo algunos ejercicios prácticos:

Empieza por vaciar armarios y cajones. Prescinde de las cosas que acumulas sin usar, ordena, organiza, limpia y libera espacio, es saludable. La premisa básica es guardar solo aquello que vas a utilizar y disfrutar. Lo que no usas hace siglos, como la ropa que no te cabe, no lo guardes. Intenta hacer un par de limpiezas al año, clasificando las cosas que no usas desde hace más de un año, y las que usas con mayor frecuencia. Esta limpieza implica que puedes donar, regalar, vender, reciclar, ayudar a coleccionistas, o tirar a la basura, todo eso que ya no usas. Conserva cosas con sentido y coherencia, y recuerda que hay que desprenderse de lo viejo para que pueda entrar lo nuevo. Mantener los armarios ordenados y desahogados, con lo que usas y disfrutas, hace tu vida más cómoda, fluida, y libre. Lo práctico, es sencillo, y hace que aproveches el tiempo y gestiones tu energía eficazmente.

Pasa más tiempo a solas contigo mism@ y descubre quién eres, lo que te gusta y lo que no. El autoconocimiento resulta fundamental para comprender tus necesidades, tus prioridades y valorar lo que de verdad te importa. Fomenta tu autoestima para confiar en ti, quererte y cuidarte.

Vive y siente el presente. Practicar respiración profunda, mindfulness, y meditación, te ayudará a tomar conciencia de la realidad, utilizando tus sentidos en el aquí y ahora, y sobre todo te enseñará a encontrar la paz dentro de ti. Recuerda que todo cambia, y todo pasa.

Aprende a DECIR NO a lo que te hace daño. Cultiva tu capacidad para decidir lo que necesitas, quieres, lo que te conviene y lo que te mereces. A veces eso implica pasar menos tiempo con personas tóxicas y decir adiós a relaciones hostiles. Deja ir esos apegos.

Visualiza que sueltas ese dolor, ese miedo, esa relación de pareja tan hostil, esa creencia tan destructiva de ti mism@, etc. Para ello, necesitarás un objeto pequeño, un bolígrafo por ejemplo, para sostenerlo en tus manos y así imaginar que dicho objeto, son tus pensamientos, sentimientos o esa persona que tanto te hace daño. Apriétalo con fuerza en tu mano, hasta que no puedas aguantar el dolor de tanto apretar, y déjalo caer al suelo. Te darás cuenta que puedes soltarlo y que no necesitas aferrarte a ello. Puede ayudarte escribir una carta de despedida, arrojar piedras al mar con todas fuerzas, y hasta gritar en cada lanzamiento.

Date permiso para sentir el dolor, la perdida, el miedo, la tristeza, la frustración, los pensamientos negativos, y elige soltarlos fuera de ti. Afronta esas situaciones difíciles, que sin duda te van a doler, pero pasaran (impermanencia).

Focaliza tu atención en lo positivo y empieza a construirte con un lenguaje que te valide como persona. Valora y disfruta lo bueno que hay en tu vida.

Todo lo que nos pasa en la vida, malo o bueno, son experiencias, prueba a vivirlas con conciencia plena. Desvincularse de los apegos es sano, te da equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Vive y siente cada momento, que la vida te está pasando ahora.

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El mundo está lleno de sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el apego a las cosas. La felicidad consiste precisamente en dejar caer el apego a todo cuanto nos rodea (Buda Gautama)”.

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Perdóname tú, que yo no puedo.

Perdóname tú, que yo no puedo.

Tras unos meses de ausencia, ya estoy de vuelta. Echaba de menos eso de escribir y despertar emociones, de ofrecer un pellizco de realidad para reflexionar sobre lo que de verdad importa. Y el tema elegido para este post es muy trascendental en la vida, pedir perdón y perdonar. Actuaciones sanadoras sin duda, pero muy espinosas también.

Y es que al ser humano le resulta difícil eso de pedir perdón y perdonar, y más aún el perdonarse a sí mism@. Cuando consideramos que hemos hecho algo  mal o a alguien, solemos buscar el perdón del otr@  para intentar liberarnos de una carga que nos pesa y nos machaca el alma; la culpa. Y de ahí, el Perdóname tú, que yo no puedo.

La razón por la que es tan complicado pedir perdón, perdonarte y perdonar, es simple, son actos que no podemos desarrollar de forma inmediata porque necesitamos tiempo para procesarlos adecuadamente. Son acciones que conllevan muchos beneficios para nuestra salud, con efectos terapéuticos muy positivos que nos permiten avanzar, pero conviene matizar, que no siempre estamos preparados para realizarlos.

Está claro que son valores humanos, gestos de generosidad, que requieren  un alto grado de consciencia sobre el propio comportamiento, y un ejercicio de introspección y autocrítica sobre el daño que hemos hecho o que sentimos que nos han hecho. Pero, ¿todo es perdonable? ¿Por qué nos da miedo pedir perdón? ¿Por qué me sigo sintiendo culpable si me han perdonado? Y os suena eso de, “perdonar si, pero olvidar nunca”. Entonces, ¿eso es perdonar de verdad?

Muchas preguntas, para las que no hay respuestas universales. No nos olvidemos que pedir perdón, perdonar y perdonarse a un@  mism@, son también decisiones personales, que se basan en el sistema de valores y en la subjetividad de cada persona.  Por eso es importante remarcar que, pedir perdón, perdonarse, y perdonar no liga con la exigencia.

La cuestión de si todo es perdonable,  depende de tu criterio y de tu capacidad para perdonar. Porque, no es lo mismo perdonar una pequeña disputa con un@ amig@, un insulto, una  mentira, una infidelidad de tu pareja, roces con l@s compañer@s del trabajo, algún desacuerdo o distanciamiento familiar, el abandono de responsabilidades en el cuidado de padres enfermos…, la lista puede ser muy larga. Hay cosas que se perdonan más fácilmente, y otras, son hechos tan abominables y deplorables para los que hay que reclamar y reivindicar JUSTICIA, como: actos violentos, acoso sexual, violación, humillaciones, maltrato…,  y dime ¿puede alguien perdonar al asesin@ de su hij@? Serio dilema ¿verdad? Ser capaz de perdonar este tipo de atrocidades, denota una superioridad de desarrollo personal. Digno de admirar, una lección de humanidad, y muy difícil realizar.

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Sin embargo, la mayoría de los conflictos a los que hacemos frente en la vida cotidiana, distan mucho de un perfil delictivo o criminal. Nuestros enfrentamientos tienen que ver más con las interpretaciones que hacemos del comportamiento del otr@, bajo la supervisión de nuestro particular sistema de creencias, de lo que para nosotr@s está bien o mal. Tendemos a calificar la forma de proceder de las personas, en modo de aprobación, admiración, crítica, decepción, desprecio o traición.  Y precisamente, gestionar eficazmente nuestras desavenencias con los demás, es un reto que aporta felicidad.  

Nos cuesta ver los problemas que tenemos con nuestros semejantes, desde otra perspectiva que no sea la propia (llámalo que a veces tenemos falta de empatía). Solemos quejarnos, criticar, excusar, o lamentar lo que nos han hecho, o lo que hemos hecho. Cuando la realidad es que nos hieren, también herimos, y TOD@S COMETEMOS ERRORES. Y cuando nos equivocamos, podemos aprender de ello, o encadenarnos al lamento. Aprender te da la oportunidad de crecer y madurar. Lamentarte impide que progreses, haciendo que te estanques en tu error.

Pedir perdón, perdonarse y perdonar, nos libera, pero precisamos TIEMPO para poder hacerlo, para procesar tanto el daño que nos han hecho, como el que nosotros hayamos hecho. Por lo tanto, pedir perdón, perdonarse, y perdonar no liga con rapidez.

Ser capaz de pedir perdón demuestra valentía, porque suele dar miedo. Nos da miedo que no nos perdonen, que nos rechacen, y que te llenes de frustración y de un sentimiento de culpa demoledor. Así que, si vas a pedir perdón, hazlo de forma consciente, con honor y sinceridad, y no utilices el “perdóname” como un mero comodín. Verbalizar un “lo siento, me he equivocado, perdóname”, debe ir acompañado de un arrepentimiento real y de un intento por remediar el daño ocasionado. Es decir, que no se quede en una expresión bonita, llena de palabras que se lleva el viento, para cometer de nuevo el mismo error sin reparar la herida. Porque decir “lo siento” es fácil, pero demostrar que “lo sientes” es complejo y delicado.

Además, antes de pedir perdón, perdónate tú primero.  ¿Eso cómo se hace? Pues te toca hacer una autocrítica constructiva. Tendrás que, reconocer tu error y asumir tu responsabilidad, valorando tu intención. ¿Querías acaso hacer daño? Seguro que NO, ¿verdad? Te vendrá bien escribir una carta para aclarar tus sentimientos y poner orden en tu mente. Sentirte culpable no conmuta ni arregla lo que hiciste. Por eso, aprende de ello, y pide perdón. La mejor forma, es elegir un momento y lugar adecuado, hacerlo cara a cara y mirando a los ojos. Eso de pedir perdón por teléfono o con un Whatsapp, no funciona, es impersonal. Admite que te has equivocado, valora cómo ha afectado a la otra persona tu error, corrige o mitiga el daño (en la medida que puedas), y sobre todo, adquiere el compromiso de no volver a repetirlo.

Y si en todo caso tenías una clara intención de hacer daño a alguien, y luego te has arrepentido, perdonarte antes es aún más necesario y complicado, porque tu culpa estará justificada y precisaras evaluar las emociones implicadas en tu intencionalidad (venganza, rencor, frustración, resentimiento, odio, etc.), y canalizarlas debidamente. Este tipo de sentimientos tendemos a rechazarlos y bloquearlos porque nos provocan mucho malestar, pero absolutamente todas las emociones que sentimos tienen su función, incluso las más desagradables. Aprender a encauzar dichas emociones, darnos permiso para sentir (lo que sea), descargar el dolor y sacarlo fuera de ti, es primordial tanto para que te auto-perdones como para que  puedas perdonar a los demás.

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La sombra del perdón puede perseguirnos hasta límites de angustia y de puro tormento mental. Torturarse psicológicamente y castigarse por las equivocaciones, consume, paraliza y hace que te encierres en ti mism@ amargándote la vida. Hay una opción más válida y saludable, soltar y dejar ir esa culpa tan inútil, improcedente e inmerecida, y ponerte en acción pidiendo perdón para enmendar o subsanar el daño. Piensa en qué puedes hacer para que esa persona se sienta mejor, y házlo.

Nuestra capacidad para perdonar tiene que ver con la valoración que hacemos sobre el acto en sí, y sobre la persona que nos ha herido. Sopesamos el dolor que nos ha generado, con lo bueno que recordamos, y en esa balanza, nos toca decidir qué hacer. Confundimos perdonar con librar a la otra persona de su responsabilidad. Perdonar no significa que cedas, ni que dejes que te hagan daño de forma gratuita. No se trata de quese vaya de rositas, como si no hubiera hecho nada”, ni te obliga a confiar de nuevo en esa persona, ni de retomar su contacto o relación. Perdonar no liga con “todo sigue igual que antes”, porque implica un cambio, un aprender de la experiencia vivida, y liberarte del dolor para seguir tu vida. Perdonar tiene que ver con aquello que tú quieres lograr, llámalo paz interior o bienestar personal, dejando atrás el castigo y la venganza. Consiste en priorizar lo que es justo para ti, y que dirijas tu atención en la felicidad que te mereces.

Cuando no perdonas, te aferras al dolor, te anclas al pasado, te haces esclavo de lo que te lastima, te atas al resentimiento, te enlazas a un círculo de pensamientos negativos y destructivos…, y todo ello se traduce en SUFRIMIENTO. Efectivamente, perdonar es saludable. Pero hazlo cuando sientas y quieras hacerlo, no lo fuerces. Date tiempo, y mantén la distancia que más te convenga. Valora la importancia en tu vida de esa persona que te hirió, su intención, su actitud, y cuando hayas sacado fuera de ti el dolor que te causó, perdonarás. Cuando hayas renunciado a vengarte, a reclamar castigo, a querer cobrarte la deuda, además de haber perdonado, habrás olvidado, porque habrás cerrado la puerta al recuerdo del dolor.

Perdonar sin olvidar no tiene mucho sentido. Si no has olvidado, no lo has perdonado. Muchas veces nos engañamos, y nos decimos, “lo he perdonado, me resulta indiferente, pero no olvidaré lo que me hizo”. Esa frase está cargada de rencor y revela que el dolor no lo has soltado. Cuando algo de verdad te resulta indiferente, es porque es neutro para ti, no te genera emociones negativas ni positivas. Por lo tanto, esa marcada indiferencia que aparentas manifestar, señala que aún te estás defendiendo y justificando del recuerdo de lo que te hizo.

El camino de pedir perdón, perdonarse, y perdonar, te brinda la oportunidad de desprenderte del dolor, de restablecer tu vida con nuevas ilusiones y sin cargas,  de centrarte en lo que funciona y es positivo, y sobre todo en APRENDER. Y para recorrer este camino el TIEMPO es nuestro gran aliado y nuestro mejor amigo.

Alexander Pope decía “Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios”. Cuando pides perdón de corazón, reconfortas al otr@ y te dignificas a ti mism@. Si te perdonas a ti mismo demuestras que te aceptas y te quieres.  Y si eres perdonado, aprende la lección y agradece. 

Pedir perdón, perdonarse y perdonar, en definitiva, son actos de amor propio. 

[lsvr_testimonial portrait=»1271″]“El arte más poderoso de la vida, es hacer del dolor un talismán que cura. ¡Una mariposa renace florecida en fiesta de colores!” (Frida Kahlo).[/lsvr_testimonial]

Tu corbata por mis tacones

Tu corbata por mis tacones

“La prueba para saber si puedes hacer un trabajo o no, no debería depender de la organización de tus cromosomas” (Bella Abzug).

Como cada año, el 8 de marzo se conmemora el día internacional de la mujer. Día que debería ser sólo conmemorativo, y no reivindicativo porque, aunque hemos superado mucho, las desigualdades por razón de sexo aún existen. Y como no podía ser menos, con esta reflexión pretendo aportar un granito de arena en esta lucha de las mujeres por conseguir la igualdad en derechos y oportunidades. Por ello, este post se titula “tu corbata por mis tacones”, frase que le dije a un alto ejecutivo cuando me cuestionó como directiva hace ya unos cuántos años.

En aquella reunión de trabajo, sólo éramos dos mujeres al frente del departamento de recursos humanos, de un total de seis empresarios. Básicamente no podían creer que una mujer pudiera gestionar de forma tan eficaz todo el departamento sin supervisión masculina, puesto que “las mujeres tenéis más cargas familiares y eso os hace estar menos pendientes del trabajo”. Nos estaban discriminando por el simple hecho de ser mujeres. Ante esta situación, contesté casi sin pensar, “tu corbata por mis tacones, si tú eres capaz de realizar tus funciones laborales con corbata, prueba e intenta cumplirlas con mis tacones, porque creo que cargas familiares tenemos todos, aunque si la corbata tiene algún poder liberador te aseguro que yo me la pongo para estar al 100% en el trabajo…”. Fue una de las reuniones más tensas que he vivido, un pulso que gané en ese intento de boicotear mi desempeño como jefa de personal.

Seguramente como mujer, habrás sufrido algún episodio parecido de discriminación laboral. Discriminaciones sutiles, en algunos casos y otras más claras que el agua. La igualdad laboral entre hombres y mujeres crece, eso es cierto, pero España sigue estando por debajo de la media europea en cuanto a la participación de la mujer en altos puestos directivos, siendo la presencia varonil la predominante. De la misma forma que la igualdad salarial continúa como una de las grandes diferencias entre hombres y mujeres.

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Y el gran reto al que nos enfrentamos es erradicar la violencia de género. No quiero hablar de estadísticas, porque no son números, son vidas de mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Cada una, con una historia detrás, y esto se merece un post entero. Un gran vacío que llenar con educación en igualdad y con valores de equidad, porque amar no debe costar la vida. El amor nunca lastima, se disfruta cuando hay, y se acepta cuando te dejan de querer por mucho que te duela. El paso del hombre es abandonar el querer dominar y controlar a la mujer, y abrazarse al respeto por ella como igual que es.

Durante seis años como directora de recursos humanos tuve varias experiencias significativas, todas relacionadas con la discriminación por ser mujer. Costaba ver a una mujer joven, de 27 años como directiva, ya que siempre esperaban que fuera un hombre quien ocupara dicho puesto. Solían confundir mi nombre alemán femenino (Johanna), con nombre alemán masculino (Johannes).

Anécdotas aparte, diré que la igualdad y la equidad de género es algo que tenemos que seguir trabajando y, sobre todo, educando en ello. Aún recuerdo la cara de desconcierto y de sorpresa de mi antiguo jefe, cuando en un proceso de selección de la cadena hotelera, seleccione a un chico de 19 años para un puesto de “camareras de piso”. Aquel chaval se había presentado para un puesto de “camarero de restaurante”, pero no daba el perfil. Sin embargo, sus ganas y su necesidad por trabajar en lo que fuera, me hicieron contratarle para el otro puesto. Las palabras de mi jefe fueron, “y este chico va a saber limpiar bien las habitaciones …”, a lo que respondí “con dos manos y productos de limpieza adecuados, todos limpiamos la mar de bien”.

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Y es que todavía hay quienes piensan y creen que hay “trabajos de hombres y trabajos de mujeres”, lo que nos atrasa en nuestra lucha por la igualdad. Solo cuando seamos capaces de valorar a la persona por sus competencias profesionales para un puesto, sin tener en cuenta si es hombre o mujer, estaremos avanzando en este sentido.

Cuestiones como la maternidad, y la conciliación de la vida familiar y laboral son puntos en los que nos queda mucho por hacer. ¿Por qué razón se sigue pensando qué la mujer debe tener más responsabilidad y compromiso en estos temas? ¿Acaso no puede el hombre ejercer su derecho a la paternidad, para darle el biberón a su hij@? ¿A quién suelen llamar cuando tu hij@ se pone enferm@ en clase? ¿Por qué tiene que ser la madre-mujer quién recoja y deje su trabajo para atender y cuidar al hij@? Lo dicho, falta conciencia de igualdad en muchos ámbitos.

La diferencia en el salario profesional entre hombre y mujer ante un mismo puesto de trabajo, es injustificable, incomprensible, humillante e indignante.  Como mujeres no somos menos que los hombres, ni tampoco más. Iguales y diferentes, que contradicción parece. La realidad es que somos seres humanos, personas, hombre o mujer, iguales en capacidades, derechos, obligaciones y oportunidades, y diferentes a la hora de sentir, en la manera de hacer las cosas, y en nuestras necesidades.

Hombres y mujeres, que con corbata o con tacones podemos realizar el mismo trabajo en igualdad de condiciones, cada un@ con sus características y con sus circunstancias personales. Patrones de vida que han cambiado, que requiere de tod@s nosotr@s un esfuerzo por adaptarnos y evolucionar para vivir en la libertad y en la igualdad, respetando nuestras diferencias.

“Igualdad para la mujer es progreso para todos (Ban Ki-moon).

Escribí este articulo para La Nueva Ruta del Empleo (Marzo 2016)

Retales de una novia

Retales de una novia

 «Cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con una persona, quieres que el resto de tu vida empiece lo antes posible» – Cuando Harry encontró a Sally (película).

 “¿Qué te casas? ¿Te lo has pensado bien? ¿Qué vamos de bodorrio? ¿Tienes idea dónde te metes?… Tú estás loca, eso es mucho lío…”. Si, el post de va de novias, bodas, y todo eso, que a much@s agobia, que a otr@s les chirría, y que a algun@s emociona. Un pequeño manual práctico, para saber qué hacer cuando empiezas a agobiarte, estás nervios@ o hay alguna crisis. Vas a leer mucho sobre el mundo wedding, pero lo importante es que la tuya, la vivas exclusivamente a tu manera.

Una boda estresa, no por el hecho de casarte, sino por la multitud de decisiones que tienes que llevar a cabo. Quien te diga que, durante los preparativos no tuvo ningún problema o no discutió con su pareja, miente. Lo normal, es que surjan problemas y que las discusiones hagan acto de presencia. Sois dos personas, con gustos y puntos de vista diferentes. Ciertamente, se pone a prueba vuestra capacidad para resolver discrepancias.

Toca decidir: boda civil o religiosa, elegir fecha (no la que quieres, sino la que te dan o queda libre), buscar sitio de celebración, fotógrafo, vestido, complementos, menú, luna de miel, regalos, decoración, y un largo etc. Te planteas hasta un@ wedding planner para un evento que se escapa de las manos, y que haga así, un trabajo perfecto en el que te involucres lo justo. Pero empecemos por el principio ¿Te casas? Porque para que haya boda, primero debe existir una proposición de matrimonio, ya sea que te piden, pides o que de mutuo acuerdo queréis casaros.

Dicen que las mujeres desde niñas soñamos con vestirnos de princesas, con que nos espere un príncipe en el altar para vivir un “fueron felices y comieron perdices para siempre”. Pero la vida real no son los cuentos de hadas que nos cuentan de pequeñ@s. No necesitamos príncipes que nos salven, ni a los que hacer reverencias. Las mujeres podemos defendernos y cuidarnos solas, luchar por lo que queremos y merecemos, sin esperar a un príncipe para hacernos felices, mejor ser felices por lo que ya somos.

El amor existe, si crees en él. A veces es para siempre, y otras se acaba. Lo ideal es que sea recíproco, aquello que das también lo recibes. Pero ojo con esos amores asimétricos y unidireccionales, porque nada nos hace tanto daño como amar y no ser correspondid@. Aceptar que te dejan de querer es difícil, pero así es la vida del amor, dolorosa cuando termina y gloriosa cuando comienza. Cuídalo con hábitos saludables (comunicación, respeto, confianza, aceptación, apoyo, tiempo, etc.), es la única receta que funciona. Aparte hay un ingrediente que se nos olvida cultivar y es imprescindible, el amor propio. Quiérete, para querer bien, y te quieran. Si, ten un flechazo contigo mism@.

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Firmar un papel, no aumenta el grado de compromiso con tu pareja. Ese compromiso viene de más adentro. Por eso, primero piensa si esa persona es o no tu compañer@ de viaje. Que no sea un: “es lo que toca”, “así l@ tengo pillad@”, “cuando nos casemos, cambiará”, o un “me caso porque me conformo contigo, porque si es así, no hay mucho futuro en esa unión, ni felicidad a la vista.

Para recordar con ilusión tu boda, analiza el sentido de la misma. Sí hay amor para celebrarla, sí estás completamente segur@ de lo que haces, y sí deseas construir un proyecto de vida con esa persona, entonces sigue adelante. Pero si te asaltan las dudas, el miedo te desborda, los problemas se imponen como grandes impedimentos, y sientes que te equivocas, ponle freno. Más vale anular antes que lamentar.

No significa que, a la primera discusión canceléis la boda. Me refiero a que te cases siendo consciente de que realmente lo vuestro no funciona, y te digas “yo no sé para qué me casé, si no nos aguantábamos”. Aunque puedes casarte sin problemas de pareja, y éstos aparezcan después. Esas cosas pasan, el amor es así de impredecible. Hacer este análisis de sentimientos, puede que no te guste, pero es muy clarificador.

Vuestro enlace supone mucha alegría para la familia y amistades. Pero que no te extrañe, si percibes cierta “envidia” en algunas personas cuando dices que te casas. Pasa más de lo que piensas, y descubrirás quien comparte y a quien molesta tu felicidad. Si observas esto, concéntrate en l@s que te aportan energía y positividad, y distánciate de aquell@s que te ponen mala cara. El día de tu boda es para disfrutar con l@s que te acompañan, valorar a los que no puedan asistir, pero lo deseaban, y agradecer a l@s que no hagan el más mínimo esfuerzo por ir con excusas y supuestos inverosímiles, porque te han hecho un gran favor.

A partir de aquí, ¿qué boda queréis? Consulta los wedding-blogs, acude a ferias, investiga las últimas tendencias, pero cuidado con la saturación de información y las modas, con superar lo que hicieron otr@s, esa presión resulta inútil. Hay una inmensidad de posibilidades, que si temática vintage, ibicenca, romántica, bohemia, etc., pero recuerda que es un día para disfrutar. Aquí te dejo algunas sugerencias, recomendaciones, y confesiones, de una novia (yo misma) que pueden liberarte un poco del estrés que conllevan los preparativos, y algo te ayudarán:

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  • Una vez que tengas fecha y lugar, podrás respirar y relajarte. Pero no te duermas en los laureles, que tienes que definir el estilismo de tu boda y comenzar la aventura.

  • Llega a acuerdos con tu pareja y repartiros las tareas. Una agenda es fundamental para empezar a planificar, y con las ideas claras es mejor organizar.

  • Entrénate en técnicas de resolución de problemas, evitarás dolores de cabeza analizando ventajas e inconvenientes. Y cuando decidas, no mires atrás.

  • Ponte en manos de grandes profesionales tanto para el catering, fotografía, vídeo, como para peluquería y maquillaje. Confía y delega en ell@s, sabrán gestionar el timing de forma correcta. La conexión y complicidad con ell@s te tranquilizará, y harán que estés cómoda.

  • En las posibles discusiones con tu pareja o familiares, una cucharada de paciencia y otra de respeto. No te empeñes en llevar la razón, ni en cosas innecesarias.

  • Aprecia a quién te ofrece su ayuda, quién se preocupa y te llama para ver cómo estas o si necesitas algo. Toda novia necesita a sus aliad@s.

  • Intentarás programar y controlar todo, pero a veces la improvisación y lo no planeado dará buen resultado. Te confieso que nosotros no teníamos viaje de novios reservado cuando nos casamos. De hecho, lo miramos dos días después de la boda, y lo organizamos por nuestra cuenta, un maravilloso viaje a New York City, las cataratas del Niagara, y Washington DC., que salió redondo.

  • Que tu cuadrilla familiar te acompañe en la elección del vestido puede ser divertido, y un poco agobiante también. L@s adoras, pero a veces una novia necesita momentos de soledad para decidir sin influencias. Así que vete un día sol@ a ver que encuentras.

  • Seguro que tu vestido de novia no tiene nada que ver con lo que tenías pensado. Hazle caso a la chica que te asesora, pruébate todos los vestidos que quieras (yo llegué a 40), y “te juro que el palabra de honor queda bien”.

  • Con respecto a las tradiciones, elegid aquellas que se adapten vuestro estilo y personalidad. En nuestro caso, el anillo de compromiso sólo estaba en mi mano, mi vestido tenía detalles azules, quise velo, llevé algo nuevo, algo azul, algo viejo, y algo prestado, descarté las perlas, las arras eran monedas de nuestros viajes (sin haber iglesia de por medio), escribimos nuestros votos matrimoniales, no tiré el ramo de novia, pero sí repartí ligas a las solteras, los alfileres para las mujeres eran de mariposa con una leyenda diferente, nos lanzaron arroz, pompas de jabón y pétalos, llevé damas de honor, y ninguno vimos el traje del otro.

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  • El nivel de implicación y de personalizar la boda, es cosa vuestra. Podéis ser originales, o clásicos, acorde con vuestras preferencias. Nosotros quisimos dejar nuestra marca, y fuimos poco convencionales, por ello, las invitaciones eran un comic de nuestra historia, los regalos eran iguales para tod@s (bombones, imanes con nuestra foto, y una tarjeta con un mensaje personal para cada invitad@). La ceremonia estuvo a cargo de una gran amiga, y familiares y amig@s nos hicieron lecturas entrañables, por lo que fue muy emotiva. La música elegida, también tenía un significado especial. La barra libre la terminamos con un cielo iluminado de farolillos voladores cargados de deseos, que con la luna llena formaban una estampa mágica.

  • Aunque depende de vuestro presupuesto, intenta ser práctic@ con la lista de invitados, invitando a quien quieras ver ese día allí, y olvida los “compromisos”. Te ahorrarás mucho tiempo con el seeting plan. Por mucho que pidas confirmación de asistencia antes de la boda, tendrás que llamar tú a la gente, y el número final de invitados te bailará hasta mismo día de la boda, porque los imprevistos (que ocurren) harán que más de un@ te falle.

  • Para una boda de ensueño, inspírate en aquello que te apasiona, y sé fiel a tu instinto. La nuestra se celebraba frente al mar, y la decoración fue marinera. Mi prima hizo un trabajo exquisito con las flores, y una obra de arte con el ramo de novia. Mis zapatos eran azules, a pesar de escandalizar a much@s, el tocado fue hecho a mano a juego con el vestido, y los pétalos que pisé fueron de color violeta.

  • Respeta los gustos de tu pareja. No tenéis que coincidir en todo, pero sí hacer un esfuerzo por comprenderos. Nuestras alianzas eran diferentes, el novio entró con música de Lenny kravitz, y yo con la canción de «thousand years» de Christina Perry, el novio se compró el traje por internet y llevó calcetines de rayas y colorines, en la comida él bebía Rioja, y yo Ribera…. Para gustos, ya se dice, colores. Las diferencias no implican incompatibilidad.

  • Cuando se acerque el día, te preocuparás y te pondrás nervios@, incluso puede bajarte la regla sin esperarla, y no pasará nada. Soñarás con catástrofes, y tendrás alguna pesadilla, pero te aseguro que no se te caerá el pelo, entrarás en el vestido, no lo mancharás, y si te sale alguna espinilla, el maquillaje hace milagros. Ni te imaginas lo creativ@s que podemos llegar a ser buscando soluciones en momentos así. Además ¿qué sería de las bodas sin las anécdotas?

  • La noche anterior, estarás despierta a altas horas de la madrugada, con los nervios brotando de la piel y el deseo que todo salga según lo planeado. Puede que no duermas lo suficiente, y aun así estarás preciosa. Ya descansarás.

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  • Te lo dirán mil veces, y reconozco que es la gran verdad verdadera, ese día pasa muy rápido. Así que intenta disfrutar cada instante, desde que te están peinando, cuando te abrochen el vestido, el abrazo de tu madre, la sonrisa de tu herman@, las miradas con tus amigas, tu entrada a la ceremonia, la impresión al ver a tu casi marido, la comida, el baile, hasta el fin de fiesta. Vive cada momento y grábalo en tu recuerdo. Y no tengas miedo de saltarte el protocolo, lo tenéis permitido.

  • Se te escaparán lágrimas, comerás poco, os sorprenderán, bailarás, y te sacarás arroz hasta de las pestañas. ¿Estás list@ para dar el sí?

Y estos son los retales de una novia, que quería compartir el día de su boda, como la experiencia inolvidable que fue.  Me quedo corta al intentar describir lo que sentí, estábamos radiantes de felicidad. Fue perfecta con todas sus imperfecciones, intensa, auténtica y llena de momentos irrepetibles. Nuestra esencia se reflejó en cada detalle. Y es que cuando las cosas se hacen con amor, todo sale bien sin ser perfecto.

 Así que haz tu boda tuya, vuestra, de nadie más, y ese día volarás, más arriba de las nubes.

¡QUE VIVAN LOS NOVIOS! Y que el amor os impregne el aire.

Ponle ganas y cambia

Ponle ganas y cambia

En la última comida con una amiga, ella me preguntaba “¿cómo puedo cambiar? Me siento tan estancada, que no sé por dónde empezar.”

Y es que cambiar y salir de la zona de confort, sigue siendo difícil de afrontar. Pero salir de ese muro protector que te impide vivir la vida que realmente quieres,  es posible, solo tienes que ponerle ganas a cambiar.

He escuchado tantas veces, “me siento estancad@”,  que me parece una enfermedad común, a la que todos en algún momento estaremos expuestos. Y en efecto todos sabemos lo que no nos conviene,  pero saberlo no es suficiente, porque seguimos haciendo lo mismo. “Sentirse estancado” es como tener el “agua estancada”.

Cuando nos sentimos estancados, no avanzamos, nada parece tener sentido, estamos mal y nos quejamos constantemente de la situación que vivimos. Es como cuando el agua está estancada, creamos un ambiente dentro de nosotros mismos tan propicio a las bacterias y hongos (quejas e insatisfacción), que perjudicamos nuestra salud, e incluso somos caldo de cultivo para los mosquitos (personas tóxicas) que revolotean a nuestro alrededor para chuparnos la energía, y aprovecharse de toda esa agua estancada para perjudicarnos.

            Somos casi un 70% agua, y la dejamos que se estanque. ¿Y qué es lo que hace que no fluyamos?  Bruce Lee decía, “be water my friend”.  Pero vaciar nuestra mente, liberarnos de toda forma, como el agua, nos cuesta mucho. El agua cambia, puede ser hielo, vapor, correr por el río, ser mar, retenerse en un estanque  para regar campos o criar peces, o envasarse en una botella para calmar nuestra sed. El agua se adapta a las circunstancias que se le presentan, pero nosotros nos resistimos al cambio, y preferimos quedarnos con lo malo conocido, en lugar de arriesgar, y continuar nuestro camino de forma diferente.

Nos estancamos por múltiples causas, algunas ocasiones porque somos muy perfeccionistas y nuestras expectativas son demasiado altas, otras porque tenemos miedo a fracasar en esa nueva posibilidad de cambio, ya sea una oportunidad laboral, emprender un negocio, romper definitivamente con la pareja, o sencillamente aprender a ser feliz y tomar decisiones que optimicen nuestro bienestar. Nos estancamos porque la vida también nos pasa por encima, y nos cansamos de luchar, perdemos el ritmo, dejamos de ser flexibles, nos olvidamos de planificar, de reformular nuestras metas, nos encadenamos a la apatía, y la pasión nos abandona.

Y es verdad que a veces surgen contratiempos, nunca es el momento adecuado para cambiar aquello que no te gusta, y nunca lo será, porque siempre existirán imprevistos como la vida misma. Nada sucede exactamente como lo tenemos planeado, y cambiar es una elección que supone desprenderse de algo que conoces por otra forma de hacer las cosas.

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El miedo al cambio, cala en los huesos, y hace que te paralices. ¿Qué hacemos cuando vamos a estrenar unos zapatos y tenemos miedo al dolor de pies y rozaduras? Uno, los estrenas igualmente porque confías que si te hacen daño sabrás cómo reaccionar (te los quitas, te pones una tirita, o te los cambias cuando ya no puedes más, pero los disfrutas). Dos, los vas preparando para el estreno, y te los vas poniendo por casa, les echas crema, porque te adelantas a posibles consecuencias. O tres, los guardas en ese estupendo zapatero porque definitivamente te harán daño, y quedan preciosos en el zapatero, así siempre estarán nuevos, y utilizarás los mismos gastados de siempre. Ahora estás delante del zapatero, los zapatos nuevos son tu cambio,  decídete: estrenas, preparas estreno, o los guardas sin estrenar.

Iniciar un proceso de cambio es difícil si, pero se puede si te centras en lo que quieres conseguir. Que tus “si quiero” superen por goleada a los “no puedo”. Dar ese giro al cambio, y ponerte en movimiento es posible si te decides a implicarte y comprometerte contigo mism@. Esa responsabilidad pertenece a cada un@ y no existe magia alguna que hagan que cambies de la noche a la mañana. Y por si esperas recibir una señal divina que te de la fuerza necesaria para cambiar, déjame decirte, que esa señal la tienes dentro de ti, haciendo eco en tus pensamientos. Tú tienes la capacidad para  transformar tu infelicidad y estancamiento por, remolinos y mareas que muevan tu agua estancada para que fluya y  cobres vida. Cambiar requiere tu esfuerzo, tu voluntad, y un motivo. Presta atención a tus necesidades, valora lo que ganarás, ponle ganas, y cambia.  

[lsvr_testimonial portrait=»1113″ source=» Wayne Dyer»]

“Cambia tu forma de ver las cosas, y las cosas cambiarán de forma” [/lsvr_testimonial]

Este artículo fue publicado originalmente en La nueva ruta del empleo (octubre 2015).

¿A quién se le pasa el arroz?

¿A quién se le pasa el arroz?

Cara a cara con el tiempo, hoy me remonto a unos meses atrás visitando mi pueblo, cuando tuve  un encuentro casual con una antigua compañera de instituto. La experiencia vivida me llamó la atención por la intensidad del momento, y el revuelo de emociones percibidas en mí y  en aquella amiga después de casi dos décadas.

Nos vimos por última vez en una fiesta del instituto cuando terminamos la selectividad, y cuánto había llovido desde entonces. Casualidades del destino, nos encontrábamos frente a frente dos mujeres que se conocieron siendo adolescentes y que sin embargo eran completas desconocidas en ese preciso instante. Reconocernos en ese cara a cara después de tantos años fue algo anecdótico y casi cómico. Un reencuentro fortuito, que tras los efusivos saludos, besos y abrazos mutuos,  ella comenzó a interrogarme de forma casi aterradora. 

«¡Cuánto tiempo sin vernos! ¿Cómo estás? ¿Qué es de tu vida? ¿Dónde vives? ¿De qué trabajas al final? ¿Te has casado? ¿y no tienes hijos? ¿Y novio? Con lo que a ti te gustaban los críos, y a tu edad ya es complicado, ya sabes que ¡se te va a pasar el arroz chiquilla! Ya es hora de que te busques a alguien para que no estés sola … «

¿Cómo responder a todo? Preguntaba a velocidad de vértigo, sin dar tiempo a procesar la información, era como si realmente no importara o no le interesara lo que yo le iba a contar. Aún me cuesta comprender cómo no apreció mi cara de agobio y desconcierto a tanta pregunta. Pero creo que, su batería de preguntas respondía a su necesidad de comprobar  y corroborar que mi vida fuera tremendamente infeliz…  

Estaba tan ensimismada en su retahíla de preguntas, que me limité a sonreír y quedarme en silencio, hasta que dejó de hablar, y entonces aproveché.

«Mi respuesta a todo lo que me preguntas ahora que has parado a respirar, es que estoy muy feliz,  contenta de vivir muchas experiencias. El arroz no se me ha pasado, al contrario, estoy en el punto perfecto de cocción, y siempre estoy a tiempo de echar más agua, de apagar el fuego, o no comerlo, porque el arroz no se pasa, pero la vida sí que te pasa. Nunca se es demasiado viej@ para hacer nada en la vida. Cuéntame, ¿Qué ha sido de la tuya? ¿Eres feliz? ¿Haces lo que soñabas?»

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Sus gestos se torcieron tras escuchar mis últimas palabras. Su cara reflejó una profunda disculpa por su torpeza y metedura de pata, pero sobre todo, percibí en su mirada la tristeza que la atrapaba. Y en ese momento, casi rompió a llorar en mitad de la calle, pidiéndome que fuéramos a tomar un café.

Os pongo en antecedentes, ambas tenemos 36 años. En aquellos tiempos de instituto, teníamos por un lado:

  • A una chica considerada la «empollona» de la clase, responsable y organizada, la que siempre hacía lo «correcto». La calificaban con ser un poco borde y aburrida porque no acudía  a fiestas, y mucho menos tenía citas con chicos, puesto que prefería quedarse horas leyendo.

Por otro lado:

  • A una joven encantadora, la «popular» de la clase, sociable, rebelde e impredecible, muy dulce, con un talento especial para transmitir emociones a través de sus dibujos.

Veinte años después, la «empollona» de la clase sigue soltera, vive independiente, con la maleta siempre a cuestas viajando, luchando  y cumpliendo sus sueños. La «popular» de la clase, finalmente dejó sus estudios de bellas artes, para casarse con su novio de toda la vida, es madre de tres hijos, vive en el mismo pueblo trabajando como cajera en un supermercado, y confiesa sentir pena de ella misma por haber  abandonado su gran sueño.  Triste, ¿verdad?. Me refiero claro está a que es triste que abandonara  su sueño.

Pero esto no quiere decir que, para ser feliz tengas que tener una carrera universitaria, ser soltera, y renunciar a ser madre. No confundamos, no todas las personas valemos para lo mismo, ni queremos las mismas cosas. Se trata de ser feliz hagas lo que hagas, y perseguir tus sueños. 

Y es que no es la primera vez que escucho «se te va a pasar el arroz»… Por eso, me tomo mi tiempo para responder, con paciencia, con calma, respirando y con una sonrisa, me quedo callada hasta que sus palabras se ahogan en el silencio. ¿Qué se me a pasar el arroz? ¿Pasar para qué? ¿Tener hij@s? ¿Casarme? … ¿En serio aún tenemos estos clichés sociales de lo que una mujer a una determinada edad tiene que ser, hacer o tener? Porque esto hace años estaba socialmente establecido, pero en la actualidad está fuera de lugar.  El arroz nunca se le pasa a una mujer, vive cuánto quieras la vida, y no esperes para hacer  aquello que sueñas.

Además de ser un comentario desagradable con el que  sometes a la mujer a una presión altísima, es una forma de machismo encubierto. Porque seguro que nunca le has dicho a un hombre «oye, se te va a pasar el arroz». A ellos no se les dice tanto, sin embargo para nosotras es la frase estrella si tienes X años, estás soltera y no tienes hij@s.

Puedes ser feliz sola o con pareja, siendo madre o no, trabajando como abogada o como dependienta, tú sabes lo que te hace feliz y lo que no. Que manía tenemos con criticar, juzgar o rechazar a las personas que viven de forma diferente. El reloj biológico existe, pero no todas las mujeres tienen por qué sentirlo o querer hacerle caso. Puedes ser madre soltera, formar una familia, adoptar, acoger, hay miles de opciones. Tener pareja está muy bien, siempre y cuando funcionéis como tal, porque sino es mejor estar sol@. Un poco de respeto a las decisiones de los demás y que no nos incumben, sería todo un detalle por nuestra parte. 

 

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Nos olvidamos que tenemos una vida para vivir, y vivir implica amar, crecer, caer y levantarse, equivocarse y aprender, luchar por lo que quieres, y sufrir también. Cuando eres capaz de amarte a ti mism@, descubres la felicidad que hay dentro de ti, tienes equilibrio y coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. No dependes de nada ni nadie, y eso da felicidad y tranquilidad. Amarte para amar a otr@s es fundamental, te da fuerza e independencia, te ayuda a ser feliz. Pero el tema del amor y el miedo a la soledad, da para otro artículo.

Así que,  mejor no comentar a ninguna mujer  la metáfora de «se te va a pasar el arroz», porque el tiempo no nos deja inserviblesYa sabéis, que ahora tenemos un arroz  que no se pasa, uno que conserva su punto más apetecible tanto como lo cocines, así hay que plantearlo en estos tiempos. Por lo tanto, también debemos pensar que mejoramos como el buen vino, ese que se saborea. Por ello, más vivir la vida que nos está pasando, disfrutar en plenitud el ser mujer, ir a por nuestras metas, con libertad para elegir lo que nos hace felices. No te conformes, ni asumas que lo tienes todo perdido.

De aquel reencuentro y entrañable café entre dos mujeres hablando de la vida que habíamos vivido en esos casi veinte años, me quedo con una frase que se me grabó a fuego «me conformé con la vida que otros quisieron para mi, y me rendí y no aposté por mi sueño de ser pintora». 

Repito, ¿A quién se le pasa el arroz? Como mujer NO SE TE PASA NADA, sólo vive la vida que está pasando.

Recuerda nunca es tarde para nada

 

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«Es justamente la posibilidad de realizar un sueño, lo que hace la vida interesante».

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L@s Amig@s yoyó

L@s Amig@s yoyó

«Hay una teoría infalible sobre la amistad: siempre hay que saber qué se puede esperar de cada amigo»

Carmen Posadas

¿Quién pasa por la vida sin amig@s? ¿Qué triste sería verdad?

Aunque l@s cuentes con los dedos de una mano, algun@ tienes. Y es que las relaciones de amistad, son muy importantes para vivir feliz. Hay de todo tipo, íntimas, duraderas, superficiales o cortas en el tiempo. Están las del instituto, las de la universidad, las de salir de marcha, las de toda la vida, las de nos vemos una vez al año, pero todo sigue igual, las intensas por un tiempo y luego nunca más se supo, las de “por el interés te quiero Andrés”, las del trabajo, etc.

Definiciones de amistad, hay muchas, para la RAE es el “Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. Para mí, es un tipo de amor en el que caben multitud de sentimientos, que son recíprocos. Seguro que te suena eso de “amig@s para siempre”, y recuerdas es@ amig@ especial con el que compartes casi todo y que te conoce casi tanto como tú (o incluso un poco más).

L@s amig@s están sobre todo para compartir momentos, vivir aventuras, confiar secretos y problemas, salir a pasarlo bien, tomar cafés interminables que se convierten en “ya que estamos, cenamos, y nos tomamos algo”, animar cuando están tristes charlando horas y horas. Son en l@s que siempre encuentras abrigo, l@s que hasta cuando os enfadáis, os comprendéis,  l@s que te dicen la verdad a pesar de que quieras ignorarla, y son l@s mejores abogad@s si alguien te ataca. Si, con l@s amig@s se viven momentos llenos de complicidad, irrepetibles, inolvidables y entrañables.

También existen numerosos estudios que nos demuestran que las relaciones de amistad son beneficiosas para la salud. La Universidad de Oregon postulaba, que las personas que tienen lazos estrechos con otras, corren menos riesgo de morir de enfermedades graves, tienen un sistema inmunitario fortalecido y resistente, gozan de mejor salud mental, y son más longevas. La Universidad de Loyola, en Chicago, señalaba que tener buenas relaciones personales además de mejorar la salud, combaten depresiones. En efecto, tener amig@s es saludable, ya que nuestro estrés disminuye cuando hablas con un@ amig@ de lo horrible que ha podido ser tu día, o de aquello que tanto te agobia y te preocupa. Una conversación con un@ buen@ amig@ es a veces la mejor terapia, siempre alivia tu malestar.

Y es que tener amig@s sienta bien, siempre y cuando sean eso, relaciones de amistad verdaderas, basadas en el cariño, lealtad y respeto. De es@s amig@s, que quieres y te quieren, te apoyan y apoyas, que te escuchan y escuchas, que te ayudan y ayudas, aquell@s con las que compartes afinidades, y conectas íntimamente.

Pero, ¿qué ocurre con esas amistades que no son tan sanas? Esas amistades que están más cerca de lo tóxico que de lo saludable.

A este tipo, yo las denomino l@s amig@s “yoyó”, sumamente peligrosas para el bienestar psicológico. Por eso te invito a que descubras, qué te hacen sentir tus amig@s.

Seguro que sabes lo que es un “yoyó”, probablemente habrás jugado con alguno cuando eras niñ@. Ese juguete de madera que te anudabas al dedo y lo hacías bailar de arriba-abajo y viceversa. Pues l@s amig@s “yoyó” son personas que giran solo sobre sí mismas, una y otra vez como si fueran las únicas estrellas del baile. Esta clase de amig@s (que en realidad no lo son), se creen el centro del universo, y van de víctimas o en plan protagonista.

Te doy más pistas, l@s amig@s “yoyó” a l@s que parece que el ego no les cabe en el pecho, son aquell@s que sólo te hablan de sus problemas y necesidades, que te utilizan cada vez que les conviene, que te critican, te manipulan, te juzgan, bromean a tu costa, te restriegan que hicieron algo por ti, y te hacen sentir culpable si consideran que les has fallado. Suelen quejarse hasta la saciedad, y la mayoría de sus sentimientos oscilan entre el rencor, la envidia, la crítica, y un resentimiento generalizado. Es como si tu felicidad les molestará, no soportan que consigues tus sueños, y sientes que no se alegran del todo ante cualquier buena noticia o éxito tuyo, porque siempre tienen un “pero” que va detrás.

A veces ni siquiera se dan cuenta de sus actos tóxicos, porque están tan ensimismados en si mism@s que no ven más allá de sus razones, puntos de vista, opiniones, y creencias. Son incapaces de comunicarse de forma eficaz y coherente, y ante discusiones vomitan todo su malestar contigo. Son maestr@s en recriminaciones y repito, en hacerte sentir culpable.

Para seguir confeccionando el perfil “yoyó”, te diré que son personas prepotentes, altaneras, impacientes, que muestran falta de autocontrol e impulsividad, con baja tolerancia a la frustración, inflexibilidad y rigidez mental. A menudo se definen como personas con mucho carácter y radicales en sus planteamientos. Si alguna vez te ayudan, no solo te lo recuerdan, sino que te lo echan en cara, porque les debes dedicación absoluta. Desconocen por completo la asertividad y la empatía en sus relaciones sociales. Nunca admiten que se han equivocado, puesto que, si te lastiman con sus palabras, es tu problema, ell@s solo dicen lo que piensan, y eres demasiado débil. Tienen reacciones desproporcionadas, y casi siempre están de gresca o mal humor. En definitiva, una naturaleza bastante conflictiva.

Este tipo de relaciones son tóxicas, nos generan estrés, tensión, y sobre todo, mucha decepción. Resulta complicado razonar con personas así, que intentan siempre quedar por encima. En realidad, este “creerse superior” demuestra todo lo contrario, y es un profundo sentimiento de vacío, baja autoestima, escasa seguridad y confianza en sí mism@s, por lo que cambian con asiduidad de amig@s, y parece que no encajan nunca.

Si piensas que hay alguien de tu mundo que te trata de esa manera, permíteme que insista, NO TE LO MERECES. No sigas siendo la cuerda del yoyo, porque te terminarás gastando y rompiendo. Lo mejor que puedes hacer es decir STOP con este tipo de relaciones tóxicas. Lo primero toma conciencia de las emociones que te generan tus amig@s. Si son positivas, estupendo, agradece que las tienes, disfrútalas y sigue cultivándolas. Ahora bien, si te provocan emociones negativas, parecidas a lo que has leído, eso no es amistad. Distánciate de ell@s, y evita su contacto, va a mejorar tu salud. Esto no significa que te aísles, sino que apuestes por relaciones de amistad saludables. Implica que cambies de amig@s, y establezcas alianzas de amistad sanas. Atrévete a conocer a gente nueva, amplia tu red de contactos, apúntate a tus actividades favoritas, conoce de verdad a las personas y rodéate de las que te transmitan paz, positividad y alegría.

Por otro lado, si te reconoces en este tipo de actitudes de amig@ “yoyó”, te animo a ser mejor persona, dejando de ser tóxica. Es decir, comunica lo que sientes y necesitas, pero también escucha lo que sienten y necesitan los demás. Puedes respetar otras ideas y mantener la propia, sin herir con tus palabras. Es bueno que conozcas lo que le gusta a tus amig@s, y también aquello que les irrita para no hacerlo. Si recuerdas haber mandado al garete buenas relaciones de amistad por orgullo y cabezonería, por insistir en tus convicciones, estas a un paso de aceptar que lo hiciste mal, a dos pasos de pedir perdón a esa persona, y a tres pasos de perdonarte a ti mism@. Dicen que rectificar es de sabios, así que buscar ayuda para canalizar tus frustraciones y aprender habilidades sociales, mejorará tus relaciones.

Es curioso cómo podemos evolucionar como personas si aceptamos nuestros errores y nos centramos en la solución. Analiza tus relaciones de amistad para que sean óptimas. Cari Rogers (psicólogo) decía que una verdadera amistad tenía cuatro características fundamentales: autenticidad (para expresarnos de forma clara y sincera), cordialidad (para sentirnos aceptados, respetados y considerados), empatía (porque comprenden nuestros sentimientos), y la disposición para compartir experiencias. Actúa en consecuencia con las personas que te importan. Las amistades no se hacen de la noche a la mañana, necesitan tiempo para madurar y consolidarse, y el intercambio de afecto, confianza, y respeto para fortalecerse. L@s amig@s nos enriquecen emocionalmente, potencian nuestra creatividad, te hacen prosperar, y a tener disposición para ayudar. Concéntrate en lo positivo de las personas, y aprecia a ese tesoro que tienes como amig@. Pregúntate ¿qué tienes en el corazón para dar? Pero no des esperando recibir exactamente lo mismo. Deja de jugar al “yoyó” para que todo vuelva a ti, si siembras amor, éste se multiplicará y no necesitarás tirar de la cuerda.